Cuanto más sonreía, más ganas tenía de odiarlo y aun así, eso era precisamente lo que lo hacía imposible.

viernes, 23 de marzo de 2012

El puente Milvio.

-Pero qué dices tonto? Es el <<Candado de los enamorados>>. Se engancha un candado en esta cadena, se cierra y se arroja la llave al Tíber.
+¿Y después?
-Ya nunca te separas.
+JA,JA
-Es verdad, dices eso porque tienes miedo de poner un candado.
+Yo no tengo miedo
-Claro que sí, y te burlas porque no tenemos un candado.
+Te equivocas, si que lo tengo.
-Bueno, ¿vas a hacerlo o no?
+Claro que sí.
Pone el candado en la cadena, lo cierra y saca la llave. La mantiene un momento entre los dedos mientras me mira. Yo le miro, le sonrío y levanto una ceja:
-¿Y ahora?
Coge la llave entre el índice y el pulgar. La deja colgar un poco más, suspendida en el vacío, indecisa. Después, de pronto, la suelto. Y vuela hacia abajo, patas arriba en el aire, cayendo en las aguas del Tíber.
-Lo has hecho de verdad...
+Ya te lo he dicho, no tengo miedo.

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